Estructura y funcionamiento de una Salina

Estructura y funcionamiento de una Salina

Estructura y funcionamiento de una Salina 1500 1000 Antonio Juncal Otero

En la estructura de una salina se diferencian tres partes bien marcadas, con una terminología muy particular. El recorrido del agua comienza en el ‘caño’, que lleva el agua hasta el ‘estero’, una especie de lago que se plantea como un reservorio de agua. El estero conecta a través de un canal con el primer reservorio.

Luego se encamina por las ‘vueltas’. Allí se ‘calienta’ el agua del estero y se va concentrando en sales. Se busca el absoluto equilibrio: si el agua tiene más sal de la cuenta, la salina la disuelve, «se la come». Entre las vueltas se diferencian las de ‘retenida’ y las de ‘periquillo’, conocidas así por la compuerta pequeña que regula el paso del agua…Y finalmente llega hasta la ‘tajería’.


Restaurar una ‘tajería’ para explicar la producción de la sal

La Esperanza Grande llegó a tener en funcionamiento hasta nueve tajerías, y La Chica siete. El objetivo inmediato de Marisma 21 es poner en producción una sola tajería de La Esperanza Grande, con un tamaño reducido. Prepararla, y, cuando esté lista, abrirla a visitas, en las que se explicaría el proceso de producción de la sal.

En el contexto de la tajería se observa también la ‘cabecera’, que son los canales que se disponen a izquierda y derecha de los ‘tajos’. Precisamente del mundo salinero provienen expresiones como «ir al tajo», que se entiende por extensión como «ir a trabajar» para cualquier otro oficio. En el centro de los tajos queda un carril de tierra conocido como la ‘matriz’.

Las labores para la extracción de la sal ha ido cambiando a lo largo del tiempo, sobre todo en aquellas explotaciones más industriales, aunque el ‘paso a paso‘ se mantiene al pie de la letra en las de carácter artesanal.

La costra de sal mantiene tal dureza que incluso se puede caminar sobre ella.

Una labor en la que el agua salada debe abrirse paso «con amor»

De los tajos es de donde el salinero saca la sal, con unas varas de grandes dimensiones. La sal se cosecha en verano. Para ello se cierran las oquedades de los tajos con el mismo barro de la cabecera. Con una herramienta denominada ‘jaraó’ (término que viene de la palabra ‘horadar’) se abre un pequeño agujerito por el que el agua va accediendo muy lentamente. En la jerga salinera se diría que se trata de que el agua entre «con su amor».

La dureza de la costra de sal que se crea es tal que incluso se puede andar sobre ella. Precisamente uno de los especialistas que trabaja en la salina es el ‘lavatajo’, que se apresta con un azadón dentro de cada cuadrícula de sal y rompe la costra con cuidado, para que no se mezcle con el fango. Su tarea es muy parecida a la del arado en las labores agrícolas.

En verano la cuadricula de sal adquieren un color blanco, que luego deja paso a tonalidades rojas y rosáceas. Cuando visitamos la salina de La Esperanza aun quedan vestigios de esa gama cromática, debido a este otoño tan caliente y raro que se está viviendo en España.

Pobres burros que pasaron de juguetear con los niños a tirar de vagonetas

Con la sal extraída se forman las montañitas del ‘varacho’, que en su momento se cargaban en serones a lomos de burros que eran guiados por niños. A aquel trasiego de los pequeños se le llamaba ‘hormiguillas’. Con el tiempo los serones fueron sustituídos por vagonetas del estilo de las de las minas, que en cualquier caso eran tiradas por los burritos, a los que para ello se les exigía un esfuerzo aun mayor que el amigable de las hormiguillas.

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