Salir fuera para valorar lo que se tiene dentro

Salir fuera para valorar lo que se tiene dentro

Salir fuera para valorar lo que se tiene dentro 1920 838 Antonio Juncal Otero

Juan Antonio Cantizano era delegado comercial de una multinacional en Murcia. Allí había observado algo: “Aquella es una tierra de piedra, y sin embargo tienen las fábricas de mermeladas y de productos elaborados con frutas, las cárnicas, todas las conserveras… con productos que se traían de Andalucía. Todo el valor añadido se quedaba para ellos”, retrata. Cuanto más salía fuera, más claro le quedaba “la de oportunidades de negocio que detectaba en mi tierra”. Le despidieron de la empresa en 2009, por la crisis, y no dudó ni un segundo en emprender su proyecto personal, apoyados por sus padres y sus suegros, que les prestaron el dinero.

Juan viajó hasta Francia junto a un amigo para traerse maquinaria de segunda mano. Iban con 18 citas concertadas y 32 máquinas en previsión, encontradas por internet. En solo dos días estaban de vuelta de esa maratón… Muchas de las máquinas llegaron llenas de grasa, la mitad sin funcionar y varias con muchas piezas rotas… A día de hoy Juan ha creado (o al menos perfeccionado) muchas de las máquinas con las que trabajan. De hecho, asume que “hay que seguir dándole vueltas”. Como él dice, “la cabeza no para”.

La confianza incondicional del maestro quesero de El Gazul

El dinero que les sobró lo invirtieron en tagarninas. Con la mala suerte de que le le estropearon… Juan tuvo que echar aquel verano de regador, para compensar las pérdidas… Ante la adversidad, contaron con el apoyo de la gente de Paterna, su pueblo. “Cuando puedas me lo pagas”, era una frase recurrente de todo aquel que les ayudaba. Quien les hizo el proyecto y los albañiles (a los que Juan se sumó, echando peonadas) tardaron dos años en cobrar… Los planes de negocio fueron “infinitos”… Por fin todo estaba muy desarrollado sobre el papel, pero para entonces a Juan ya se le había acabado el paro

“Teníamos contactos que nos decían que nos iban a ayudar, y al final nos hemos tenido que buscar la vida”, recuerda. Pero hay gente que no se puede incluir en ese grupo. Juan tiene una mención especial para alguien que sí confió en ellos desde el primer minuto: Jorge Puerto, el maestro quesero de El Gazul. Le abordó con absoluta decisión en la Plaza de la Iglesia de su pueblo. “Le dí dos botes de mis pimientos, y le expliqué que llevaba varios años preparando el proyecto, y que mi idea era montar una fábrica”. Jorge también respondió rápido: “Cuando la tengas montada, llévame una caja entera a mi tienda”, le devolvió. Juan agradece cómo “sin haberlo probado”, el alcalaíno confió en él. “Empecé preguntándole a Jorge si era él, y ahora tenemos mucha amistad”, resume todo el camino recorrido. Ahora ultiman juntos una crema de queso con esos pimientos, además de otros proyectos que pasan por dos cabezas en continua ebullición.

Juan Antonio nos hace una demostración de como se pela la tagarnina.

El producto español, con muy buena aceptación en el exterior

El producto  español tiene muy buena aceptación fuera de nuestras fronteras, además de por su calidad por su seguridad alimentaria. Ahora tienen entre manos un pedido para Alemania, fruto de un trabajo que se remonta un año atrás. Facturan en pequeñas cantidades para Reino Unido, Holanda (para una empresa familiar), Luxemburgo, Francia (concentrados en París y Nantes) o Polonia, entre otros países. La mayoría de sus clientes son pequeñas tiendas especializadas en productos españoles. Estas Navidades les ha ido bien, sobre todo gracias a un cliente vasco y a uno nuevo francés de Lille.

Uno de los desafíos a los que se enfrentan en la parte comercial es describir la materia prima. “¿Cómo le explicas a un japonés lo que es una tagarnina?”, bromea Juan sobre un producto poco conocido en muchas partes del mundo. No así en los países árabes, donde ya tienen tradición de consumirlas. De hecho, a día de hoy reciben correos electrónicos con pedidos hasta desde el Golfo Pérsico.

Su primer gran cliente fue la Conservera de Tarifa, y la llave de entrada a su tienda gourmet fueron sus pimientos, un producto que a día de hoy tiene un gran éxito en el norte de España. Con habilidad comercial, Juan incluyó dentro de la caja del pedido algunos tarros de sus Picarninas. Pasados unos días, les pidieron 200 unidades más… pero no de los pimientos, sino de su paté de tagarninas.

La amistad entablada tras decenas de misiones comerciales

Los principales logros se consiguen a través de la presencia en ferias de muestras, congresos o convenciones. “Te hermanas”, habla Juan de la buena relación con los integrantes en estas ‘misiones comerciales’. Pone como ejemplo la amistad trabada con el chipionero César Florido. Recuerda sus viajes a Lyon o Varsovia, adonde recaló en un grupo de 12 personas dentro del paraguas de Extenda.

No es raro encontrar a Cantizano y a sus productos en grandes escenarios como Madrid Gourmet o en mercados locales, como el que se instala el tercer domingo de cada mes en el parque de Los Toruños, en El Puerto de Santa María. Hace poco estuvieron en el País Vasco, en San Sebastián Gastronomika, adonde acudieron de la mano de la Diputación de Cádiz. “Por movernos no será…”. Eso lo deja claro.

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